Domingo 19 de septiembre
Budapest, La ciudad de las albercas termales
No sé por qué extraña razón imaginé que Budapest no estaba en Europa. Quizá por lo de Buda, pero resulta que Budapest es la capital de Hungría y está en el mismísimo corazón Europeo, al lado de Austria y Rumania. A la ciudad de Budapest la a traviesa el río Danubio, quedando de un lado Buda y del otro Pest. Los violines gitanos que acompañaron todo el recorrido visual por esta ciudad me cautivaron, pues iban de lo profundamente melancólico a la vital alegría de vivir.
Sus monumentales palacios e impresionantes iglesias invitan a visitarla, pero sus gigantes albercas termales y sus baños turcos, obligan a hacerlo. Es una delicia ver el desparpajo con que en las termas leen el periódico, juegan ajedrez, chapotean los niños y se relajan los viejos. Me gustó mucho la ciudad, pues parece que los húngaros no están ansiosos por uniformarse a la frenética “modernidad” de otras ciudades del mundo con horrendos rascacielos, infernal tráfico y detestables centros comerciales, donde las marcas del “status” se imponen sutilmente.
Tiene, además, un eficiente sistema de transporte público de tranvías y metro; las nuevas edificaciones se adecuan, aún con su vanguardista arquitectura, a los edificios del pasado en un concierto armónico. Seguro, no es mera casualidad, que sea la patria de dos grandes músicos como Liszt y Bartók. Mientras esto escribo escucho “Poemas sinfónicos” de Franz Liszt, ejecutados por la Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría. Entiendo tan poco de música clásica que corrí a leer el librito que acompaña al disco. Ahí me enteré que la primera pieza que dura poco más de trece minutos se llama “Prometeo” e intenta narrar la desventura de este magnánimo dios que dio a los hombres el fuego y fue condenado por ello a vivir prisionero de pesadas cadenas. La entrada, ahora entiendo, por eso es tan dramática para representar sus tormentos, contorciones y turbulencias de encadenado.
De Hungría, esta semana hice su platillo típico “Gulash”, un guisado de pulpa de res en cubitos, bastante cebolla en rodajas, jitomate picado, papas y champiñones; condimentado con tomillo, laurel, mejorana, pimienta, sal y páprika, un polvito rojo hecho de pimentón, el cual es usado en muchos de los platillos húngaros. Esta última especia la reservé para mi plato, porque tenía a una hija convaleciente de la extracción de sus muelas del juicio y que sólo cuchareó el guisado, y una pequeñita que extrajo todos lo indeseable del plato y se limitó a comerse la carne y las papas. Así que sólo la chica que me ayuda y yo comimos el platillo completo. Nos gustó a ambas, sobre todo acompañado de unas tortillas suaves y calientitas, con las que celebré el escepticismo y el eclecticismo posmoderno y global de nuestros días patrios.
¡Viva Hungría! ¡Vivan las albercas termales! ¡Viva List! ¡Viva el gulash!
