Martes 16 de noviembre de 2010
Garbanzo de a libra
Las últimas líneas de Rapsodia Gourmet, novela de una joven escritora y filosofa francesa, Muriel Barbery, , que devoré con placer hace una semana, son: “Comer no es la cuestión, tampoco vivir, sino saber por qué”. Comemos para vivir, dicen unos, y vivimos para comer, dicen otros. Lo primero remite a una necesidad vital y lo segundo a un placer que puede convertirse en vicio. Así que la respuesta está entre los unos y los otros, pues en el principio de los tiempos prevalecía la necesidad, pero ahora se impone el placer con la variedad de carnes, verduras, frutas, especias y recetas nacionales e internacionales que llegan a nuestras globalizadas mesas.
Comer o no comer, vivir o no vivir y “ser o no ser”, son las cuestiones vitales a las que apunta Barbery y Shakespeare. No somos amibas, así que no nos conformamos con vivir, comer, reproducirnos y morir; nos preguntamos por qué y nos afanamos en responderlo. Comemos, pues, por necesidad biológica primaria y por placer a nuestros sentidos y a nuestra hambre cultural. Mi hambre de mundo, a propósito, me llevó esta vez a las calcinantes tierras del Cairo, Egipto, a través de una sencilla sopa de garbanzo.
Con su aromático comino, su agridulce yogurt y su cilantro fresco, me viajaron a la Esfinge y la pirámide de Kefren; a la Ciudad de los Muertos con sus majestuosas tumbas de los califas; al anchuroso Nilo, río sagrado de los faraones que hoy baña a la metrópolis mezclada de una arquitectura occidental junto a tradicionales; a sus enigmáticas mezquitas; al embriagante mercado de las especias, donde el comino sobresale de un enormel costal; al impresionante Museo Egipcio con más de 120,00 piezas arqueológicas, y a los cafés, donde Nagub Mahfuz, premio nobel de literatura 1988, escribiera su saga familiar ambientada entre los años de 1917 y 1945: Entre dos palacios, El palacio del deseo y La azucarera.
El garbanzo es una leguminosa que aporta proteínas vegetales y minerales, como calcio y fosforo, pero, a pesar de esta riqueza, es poco usado en la comida mexicana. En Medio Oriente, por el contrario, es harto valorado, de ahí aquello de “Garbanzo de a libra” y de a libra egipcia. Cada cultura, me he dado cuenta en este tormentoso y convulso viaje culinario, tiene su o sus leguminosas y especias predilectas, pues lo demás son las carnes, las verduras y las frutas que todos conocemos. No obstante, lo mismo en México que en Egipto, después de visitar las pirámides, podemos comer garbanzos en el fondo de un ardiente consomé de barbacoa o una compota de garbanzo, humus, untado en pan árabe. En un lugar u otro, ¡Buen provecho!
